La carretera está flanqueada por pequeños chalets piedra serrana, chalets de quiero y no puedo, habitados por una burguesía de medio pelo. Ancianos de bigotillo y gafas de sol, ataviados con camisas caqui, pasean apaciblemente sus dobermans... Pero bueno, me callo, ya me callo, porque todos los días voy a trabajar por la zona y no sea que algún erudito del pueblo descubra este blog y me cojan y me den de hostias.



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