La carretera desviada había quizá supuesto el fin de las esperanzas del pueblo, encerrándolo, recogiéndolo en sí mismo. Lo había apartado de las rutas y los caminos de paso, restituyéndolo a un tiempo verde sólo suyo. Tardes en la plaza vacía -a donde acaso nos seguía el gato/demonio-, la plaza suspendida sobre una huerta de inusitado verdor en el monótono y árido verano de Castilla. La fuente había sido construida en 1788, muy poco tiempo antes de que los ejércitos napoleónicos atravesaran el pueblo y de su lucha con los cosacos en las alturas del puerto...




No hay comentarios:
Publicar un comentario