domingo, 29 de abril de 2018

YOUNG NEIL

Tenía en mente una entrada sobre la discografía completa de Neil Young. La tenía en mp 3 y se borró (lo siento, Sabino), pero sobre todo me quitó la idea el empezar la autobiogr de Neil El sueño de un hippie. Le pega mejor El sueño de un hipster. Neil Young me pareció bastante tonto y desistí de la lectura y de la entrada.


Pero este canadiense es mucho como músico –como persona me da igual, me pilla muy lejos- y ahora escucho este Hitchicker, que compuso y grabó de una tacada, todo en un andar que dicen, de la mañana a la noche, para convencer a un productor o algo.


Luego no salió el álbum como tal, pero ny regrabó los temas repartiéndolos en discos posteriores. Aquí a pelo los interpreta, con la guitarra acústica, y a ratos con el piano también se lo burla…Y sobre todo esa vocecilla, esa voz de ratón, que no ha cambiado en cincuenta años.

Y es lo que tiene este hombre -la prerrogativa del artista verdadero. La música “fluye por sus venas” y le sale por las orejas y para cuando quieres oír su último disco ya ha sacado otro nuevo, otro nuevo. Aquí se vendió mucho el baladista bucólico de Harvest pero luego fue saliendo todo lo demás, 
 –incluso los experimentos tecno, country, rockabilly, que le valieron el mosqueo de la discográfica, porque no vendía… Hay sobre todo dos Neil Young, el tranquilo y campestre, y también el guitarrero (el que gusta a los indies y que improvisa diez minutos seguidos, pero sin perder de vista la canción, a la que vuelve una y otra vez… Por eso me gusta más que su maestro, Himi Hendrix... The loner.

Neil Young - Powderfinger - YouTube

https://www.youtube.com/watch?v=sqPfhBMvtv0

sábado, 28 de abril de 2018

BILBAO LA VIEJA

Estamos en el barrio gentrificado Yñarrón, Pablo y yo, estamos en la noche en el mirador terraza donde antes el juego de la rana, junto al bar modelno ahora. Abajo la ría estriada de luna y carenada de rocas, pues hay bajamar. Y ahí estamos como hace treinta años o más, con cocacolas y birras pilladas en los moros de Sanfran. Entonces disfrazados de niños y ahora disfrazados de maduros -pero más ellos que nunca les veo, más nosotros que nunca los tres, tanto que esa reunión parece la verdad de nuestra vida y todo lo de en medio la ilusión de un paréntesis. 
((Pasan los hipsters hablando (mal) euskera, pasan y repasan las bicicletas. Ha cambiado el barrio. Me acuerdo cuando me la quisieron quitar unos yonis haciendo tapón en medio la calle, pero yo me escurrí cuesta abajo driblando con la bici Berrendero. No ha cambiado tanto. ¿Cómo le pueden decir Bilvi los horteras desplazando ese Bilbao La Vieja, uno de los topónimos más hermosos que existen? Bilbao La Vieja suena a ferrería y a brujas y profundiza en el misterio con ese cambio de género…))
Treinta años más y ahí seguiríamos, estaríamos, de viejos, pero no sé si llegaremos, auskalo... Plas dice, por una vez con sabiduría: en la vida hay más malos momentos que buenos, pero los buenos compensan los malos, valen por todo. Y al rato, hablando de BV: el mundo es de los que tienen dinero, compran los barrios y todo. Y yo pienso que sí, que quizá es suyo el barrio, pero la noche es nuestra y el río –que baja con mierda pero también con plata- el río también es nuestro. 

miércoles, 25 de abril de 2018

MADRID SE QUEMA...




…Se quema Madrid, que cantaba la peña más cerril en Barrencalle. Yo estuve hace unos días y  bajaba por San Bernardo cuando pillé este cacho foto, pero nada, no había revuelta ni nada, alguien había pegado fuego a un contenedor, humo negro sobre el azul del cielo, añadiendo calor al calor de la tarde. Y los motoristas de la police, y los chinos haciendo también sus afotos, desde la puerta del colmado. Yo había bajado al foro administrativo, a hacer papeles, pero también recalé en el Madrid físico con su amanecer cristalino, con su crepúsculo de ladrillo, y entremedias líos como siempre y caminatas varias y un poco de humo.


martes, 24 de abril de 2018

EL PASADO


Algunas noches se te echa a la chepa, el pasado, y vuelve con su carga de aullidos, inusitado y fantasmático. Pero otras tardes todo brilla en los anaqueles, quizá no muy ordenado, y recorres los pasillos y abres los ventanales, y miras si ha quedado algo de basura bajo la alfombra. Es un gran caserón en el que descubres y redescubres. Resulta un sitio confortable.


Y vas acarreando sacos de experiencia que tampoco valen para mucho, porque cada situación viene como de nuevas, y arrumbas las cenizas de los errores y abres los frascos de las oportunidades perdidas, que sólo echan humo. Callejones sin salida que al final dieron a un pasadizo secreto. 


Lo que fue no parece que volverá a ser, pero ahí está en ese cine viejo y renovable, donde está el hogar, el sol en las lagunas, fantasmas que vuelven sonrientes, iluminaciones de tormenta, cometas que pasan como trenes y un parpadeo de estrellas fugaces. Y eso que la otra cara de la moneda no la escribo, queda para otro rato, cosas de la memoria selectiva. Pero el pasado, que dijo Faulkner, no sólo no se olvida sino que ni tan siquiera ha pasado.


El futuro es lo que no existe, el pasado ahí está, fluyendo en el presente, no con nostalgia, con continuidad. Todo es presente continuo. Pero tampoco sabemos lo que aguarda en la siguiente vuelta, si la maravilla o la putada, la revelación o el agotamiento. Así que por si acaso vamos tocando madera.