domingo, 7 de abril de 2019

PINTORES Y ESCRITORES

En la ribera (obra de Emiddio)

He tratado a más pintores que escritores. A los escritores los he visto siempre calculadores e interesados, bastante grises, que sólo hablaban de las series y de los premios Goya. Los pintores sí que tienen una pedrada, en el buen sentido, o sea, un mundo literario, quizá porque los pintores suelen leer mucho, a veces más que los literatos.

Pintores y pintoras, en general son más accesibles -también más torturados, pero más vitalistas –decía Umbral que los pintores estaban más en la vida, más en contacto con las cosas del mundo, la madera, las frutas, los colores.
Escribir es una liberación, pero lo que se pinta es más inmediato –la música y la pintura son artes inmediatas, que comunican.
Los pintores como los músicos siguen con su arte en medio de la vida mientras que los escritores tienen que entrar en “otra dimensión”.

Voy a sucumbir nuevamente a mi ego, lo cual parece ser el fundamento de este blog, para meter aquí estos retratos que me hicieron algunos colegas pintores…
(y ya puestos, sirva de "cariñoso" homenaje)

Así me pintó Joana, sonriente y negrísimo


Retrato seriote por Molleda


jueves, 4 de abril de 2019

400 BOLAÑOS



Fui una tarde, con mi madre, para enseñarle Matadero Madrid y había una exposición de Bolaño –cartitas, dibujitos, portaditas, borradores de Bolaño, y lo que dijo mi vieja:
-Pero bueno, quién es Bolaño, ni que fuera Cervantes…
Bolaño en internet se vende a precio de incunables. Las primeras ediciones de Los detectives salvajes y 2666 no bajan de los cuatrocientos euros. Los detectives me lo regaló M**n cuando salió, premio Anagrama 1999, y sí que se veía que Bolaño –chileno pero afincado en Gerona- tenía carrete. Daba sopas con onda en imaginación e inventiva a toda la literatura española en general. Bolaño vivía entonces en Blanes, aún no se había muerto.



2666 cuando apareció lo vendían los yonkis en Atocha, que robaban los bestsellers del Hipercor, lo tenían por diez euros. ¿Y ahora 450€? Anda ya... Pero es que a raíz de la muerte de Bolaño hubo unas ansias terribles y un agente literario –el chacal Andrew Wyllie (¡el chacal!)- negoció los derechos con la familia, y en España Alfaguara se lo quitó a Anagrama que había publicado todo Bolaño.

                  

Pero ya estaba todo el pescao vendido, ya todos los estudiantes tenían sus bolaños, y en las bibliotecas públicas era imposible encontrar bolaños, que estaban todos prestados, y cuando encontrabas alguno estaba no sólo muy gastado, sino con mocos y mierda y sangre (así, sin comas), lo que quizás no habría disgustado del todo a Bolaño.



Así que Alfaguara no creo que le haya sacado mucho, pero así de miserables son las empresas capitalistas, editoriales incluidas, y envidiosas, por mucha literatura que le pongan…
Bolaño está bien, tiene fuerza y pegada, levanta un mundo. Aunque todas esas historias literarias que cuenta –siempre historias de escritores, de grupos literarios, de generaciones, cuentos alegres y dramáticos de escritores que beben y bailan y follan con todo lo que se mueve- todo eso es mentira, una impostura, cualquier sabe que escribir es una actividad solitaria. O a lo mejor ser poeta es más molón en Mexico DF, donde vivió Bolaño.



Ahora el tiempo va poniendo las cosas en su sitio. Hay Bolaños buenos (los dos ya citados, Estrella distante, los cuentos, Los sinsabores de un verdaderopolicía…), Bolaños regulares (Una novelita lumpen, Mr. Pain) y auténticos boluños, bolaños/truños como Nocturno de Chile, Amuleto o El espíritu de la ciencia ficción. Pero el arca de Bolaño da mucha guita y siguen y seguirán saliendo más cosas.

DOS AMIGOS


Eran los dos una gente cojonuda, con la que podías contar. Me dio pena cuando dejaron la casa de al lado, para construirse una propia a las afueras del pueblo. Pero seguíamos viéndonos y hablábamos mientras él, G, la construía. Tenía dos plantas y, entre las paredes huecas, entre un amasijo de cables, todavía quedaba el hueco para poner la escalera. Aunque él solía decirme que sería incapaz de escribir un libro, a mí lo que me admiraba era levantar una casa de la nada. El sólo se la estaba montando. ¿Lo ves, Asís, las cosas que hay que hacer por las mujeres?, me decía filosófico, con una tristeza que era alegría en el fondo. Cuando me fui ya tenían el niño. Años más tarde encontramos a G en el lago de la Casa de campo con el niño, ya crecido, seguían viviendo en el pueblo pero llevaba al chiquillo a un colegio especial en Carabanchel –todos los días carretera arriba y abajo- porque le habían dicho que era autista. Un diagnóstico apresurado, porque aquella tarde el niño, comunicativo, habló con L y conmigo y repartió un paquete de chicles. Se le veía sensible y bueno, como su padre, y quizá por ello le putearían en la escuela de la sierra. Un día que volví por allí llamé a G y me dijo que se había separado de M. Ella también era muy buena, cuando venía de su pueblo, al lado de Aranda, me traía vino de la tierra, y de su casa me llevaba tápers, y alguna vez me gritaba desde la calle que saliera al balcón. Tío no puedes ir siempre de ermitaño –porque no me apetecía hacer vida social- vente para casa de fulano, que van a hacer una barbacoa. Parecerá una chorrada pero es más de lo que ha hecho por mí mucha gente. También la quería, aunque una vez me quisiera colocar a una prima suya que trabajaba en Madrid de controladora del parquímetro. Pero ese ya es otro cuento.

lunes, 1 de abril de 2019

FERLOSIO



Ferlosio dio muy bien la talla del intelectual con zapatillas de orillo. El Jarama y Alfanhui, escritos con veintipocos años, le convalidaron con notas muy altas y le dieron crédito para los cincuenta siguientes. Siendo el mejor de su generación, según Delibes, podía hacer “lo que le diera la gana”. Pero no le dio la gana. Tras su consagración, se dio a estudios filológicos, en los que se sumergía días y noches recurriendo a la anfetamina y comiendo a deshoras bocadillos de atún, para desespero de su mujer de entonces, Carmen Martín Gaite.

                                                (blog de Carlos Cruz)
Ya de viejo, rodeado de periódicos, en el campo de retamas extremeño, Ferlosio se convierte en una especie rara de “analista”, un ilustrado alejado de la corte. Va desgranando notas de lectura (aforismos, pecios) sobre el mundo y sus iniquidades desde su particular distancia espaciotemporal. 


Todo lo de Ferlosio es bueno, de buena prosa, castiza y coloquial y también rigurosa y descriptiva. Pero sobre todo esos dos primeros libros -los dos ambientados en un improbable campo madrileño apenas tratado por la literatura- el Jarama con un realismo cristalino, “objetivista”, con diálogos como de grabadora, y el Alfanhui su reverso colorista y fantástico.