miércoles, 2 de octubre de 2013

LOS CINES DE BRAVO


Estaba viendo por tv la película de Salvador Puig Antich y recordando cuando la ví por pimera vez, en los cines Renoir de Cuatro Caminos. Y poco rato después, en internet, veo que desaparecen estos cines –consagrados, para bien y para mal, al cine español, según designio de su propietario, el duro González Macho.



Durante años, allí veía, cuando todavía parecía que iba a ser algo (y también, no nos engañemos, porque me quedaba cerca) las pelis de Calparsoro, de Mariano Barroso, de Almodóvar, Martín Hache, Tierra y Libertad… Pero luego el cine español se convirtió en cinespañol y ya nol.


 
Así que, más que la extinción de esa sosa cinematografía, la pena me da que ya no queden más cines en Cuatro Caminos, barrio que era la meca del cine cuando llegué a vivir a Madrid, perdido un domingo interminable en aquella calle interminable, llena de autobuses largos y rojos como una calle de México DF –donde nunca había estado entonces y luego tampoco-.


 
Condado, Cristal, Europa –allí en los años 30 los mítines de José Antonio y luego la checa anarquista- Savoy,  Lido, Versalles (aquí un piso era cine y otro discoteca)- pero aquella tarde no nos dejaban entrar a ninguno, porque todos los programas eran para mayores de dieciocho.
Eran unos hipócritas, pues entre semana, con los cines vacíos, pasabas a la que querías, se relajaba la calificación moral...



 
En el Condado –también llamado Montija- el programa que ponían era La isla y El regreso de Chris Gretsko, dos pelis que desde entonces en vano he intentado ver, perdidas quién sabe en qué oscuras distribuidoras.

 




 

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