miércoles, 23 de noviembre de 2011

EN LOS CASILLOS



La tarde me ha pillado en los casillos, con el último sol sobre La Centenera, y por el lado del puerto unos nubarrones que venían desde Somosierra. Estábamos Juanillo y yo en un banquito que tienen -un banco de madera cogido del pueblo, por lo que la finca parecía una plaza. Una plaza inclinada: están los casillos y unos robles y el rebaño -unas cien cabras- entre los robles y ahí comienza una cuesta abajo hasta la carretera.





Ha venido el hermano de Juan y hemos separado las cabras en dos manadas, dividiéndolas por detrás de las casetas y luego las hemos entrado a dos corrales diferentes. Al abrir han salido los cabritos, que estaban dentro, pequeñitos y retozones como terciopelos. Enseguida los volvemos a meter y van a mamar de las cabras, pero como sólo pueden mamar dos cabritos de cada una, mientras yo sujeto a la cabra por los cuernos, Juan y su hermano separan con el bastón a la aglomeración de cabritos que van todos a chupar.




Los pequeños se arremolinan todos en torno a mí y me chupan/muerden las playeras y las perneras del pantalón. Tienen unos dientecitos pequeñitos, como los cuernecillos que les están creciendo y les meto el dedo en la boca y succionan; algunos muerden un poquito pero sin hacer daño.


Hemos cogido un cabrito y bajamos a La Puebla en el Land Rover, Juanillo detrás sosteniendo al animalillo. Todavía es de día. En el zaguán, Juan ata al cabrillo por las patas y desde la cocina oigo que bala y llora casi como un niño asustado. Es una pena, pero... me dice Juan con expresión compungida mientras degüella al bichito que se remueve. Son cinco minutos. Pero en un minuto está ya seco, sin moverse. Le tocamos los ojos pero no parpadea.

Juan lo cuelga y le va despellejando. Juan y su hermano hablan de la fisiología de los cabritos, "son muy parecidos a nosotros, son como las personas". Luego hablamos de los gatos, animales de gran paciencia, según J, "muy liberales y de mucho sentido de la orientación". El hermano –al que llamo “el galo”, por sus bigotes rubios como Asterix- cuenta que estuvo veinte años en Madrid, trabajando en la prensa, el diario Ya, que fue perdiendo fuelle con la transición y al final quebró finalmente cuando lo cogió Rodríguez Menéndez.  


Después, llenamos el coche con leña y cenamos chorizo y queso Juan y yo viendo el partido, la derrota del Athletic. Juan me ha dado una pata de cabrito para casa y vamos al bar pequeño a tomar café. Ya el partido está echado a perder y el galo filosofa: La que se va a montar en Las Ramblas, y en Canaletas... 

1 comentario:

  1. Respeto al mundo de la ganadería por sus aportaciones al avance histórico de la humanidad y por haber permitido que el ser humano llegue a los niveles que ha alcanzado (en número de habitantes y en nivel de progreso).
    Respeto al mundo de la ganadería por los tesoros culturales (idiomáticos y de toda tipología) que aporta y por su contribución a haber desarrollado la "antropodiversidad" (la diversidad cultural) y la biodiversidad (ppor el alto número de variedades dentro de cada especie ganadera).
    Respeto eso y mucho más... Pero ya hay que ir avanzando hacia otras formas de relación, menos tétricas, menos crueles, menos sangrientas, menos nazis..., con aquellas especies que han permitido al ser humanos ser lo que es hoy y sin las que nunca hubiéramos llegado a ser lo que somos.
    Con todos mis respetos, pero si "es una pena", como dice el protagonista (real o novelesco) de este relato, intentemos "comernos el tarro" para ver cómo vamos girando (poco a poco, de acuerdo...) hacia formas de relación menos cruentas. Está en nuestras manos hacerlo.
    Hace siglos, poca gente se quejaba de la esclavitud. Quizás, alguien se "quejaría" diciendo "es una pena, pero..."; pero pocos hacían algo realmente para erradicarla.
    Hace siglos (pocos, la verdad) numerosas multitudes se arremolinaban frente a picotas y patíbulos para ver escenas que ni en la más cruel película gore es posible ver. Gritaban de júbilo cuando el verdugo seccionaba el cuerpo de los pobres condenados...
    Algún día, las escenas de horror que se ejercen contra los animales domésticos (contra nuestros "compañeros" en nuestro proceso histórico de humanización) o salvajes también parecerán terribles.
    Como dijo Alphonse Lamartine, “Vendrá un tiempo en el que los hombres abominarán el consumo de carne del mismo modo que nosotros, ahora, abominamos a los antropófagos.". O como dijo Tolstoi, "Mientras existan los mataderos habrá campos de batalla”. Y de un modo mucho más sencillo, explicó George Bernard Shaw: "Los animales son mis amigos y yo no me como a mis amigos". Esos principios, poco a poco, deberían empezar a ir guiando una evolución hacia formas más amables, menos traumáticas, de relación entre la humanidad y el resto de la vida.
    Y vuelvo a insistir, todo dicho desde mi respeto hacia los ganaderos individuales y hacia el mundo de la ganadería. Respeto en general porque hacia personas y circunstnacias concretamente, hay veces que no, lógicamente.
    Fdo.: Antonio Delgado.

    ResponderEliminar