martes, 14 de agosto de 2018

UN VIEJO DE CENICIENTOS

la feria de Cenicientos
…enseguida me cayó bien aquel viejo. Muy moreno de color tierra, el pelo todavía negro, larguito, un tipo menudo y sarmentoso que con su gorra azul de gasolinera y camisa de cuadros no habría desentonado en un pueblo triguero de Kansas… Se veía que era de campo campo y por eso no se hacía a las mañas de los comerciantes. Le había dicho al tendero un trozo de queso del que yo llevo. amagándolo con las manos, pero el de la tienda se lo cortó el doble de gordo y el viejo no sabía qué cara poner, muy grande, balbució. Te lo envuelvo al vacío si quieres- Y el viejo como había público, o sea yo, maliciándose que el otro quisiera tangarle con el queso se trabucó un poco y se le cayó al suelo una botella de agua que llevaba que yo la recogí y se la dí, y por pundonor más que otra cosa rehusó la mitad del queso y cuando se fue pedí un trozo del mismo queso del viejo que

PEÑA CADALSO

Cuando llegaron las plagas de cortapichas a Cenicientos pedí que me trasladaran a Cadalso –peña visible desde la de Ceni- y enseguida me arrepentí  de mi error/solicitud. No sólo porque enseguida desaparecieron las nubes de insectos ((si bien un centenar de ellos se metieron en una bolsa de deportes, (yo creo que aquellos bichacos advertían que  había llegado el fin de su ciclo vital y querían reagruparse o algo, con vistas a una nueva invasión, o aguardando épocas más felices -no bastó con desinsectarla, la bolsa, hubo que pisotear a cada uno de los resistentes especímenes.
Desde Cenicientos se ve la peña de Cadalso como en línea pero no creo que llegue a los mil de altura y hacía un calor terrible, no corría la brisa como aquí (1252 m)… Jota me llevó allí y al principio me gustó mucho, porque la caseta está arrimada a una muralla árabe (ahora creo que más antigua, quizá de los vatones) y me pareció muy literario, pero enseguida me cagué en romanos, árabes y vatones –originarios pobladores de esos riscos que desgajados de la cordillera de Gredos avanzan en la llanura amarilla y turbia de la Mancha.
El puesto/caseta no tiene mucho sentido, pues en vez de haberlo hecho en un alto de la muralla, está orientado al sur, a la provincia de Toledo, hacia Escalona y esos pueblos del Lazarillo de Tormes, imaginados sobre todo porque con la calima no se veía un carajo… Además a los pies del puesto había ido creciendo una gran encina, por lo que sólo podía verse algo hacia los lados. Eso y que la insolación era tan brutal que temblaban las lejanías, y para salir a mear había que ponerse crema protectora.
En Cadalso me acordé de aquel chico que conocí al entrar en las torres. Era de Madrid pero vivía en Cadalso de los Vidrios. Como no conducía estaba condenado a aquella torre. Odiaba el trabajo (le entendí bien con los dos días que estuve). Durante años lo dejó, desapareció, pero volvió un día diciendo que necesitaba pasta porque le habían estafado en lo de los sellos de Correos…
El camino hasta arriba sale de unas canteras y hay que subir media hora casi. Va entre pinos, es bonito hasta que empieza a calentar. X, otro vigilante que es de la zona, está mosqueado porque han nivelado con piedrilla parte de la senda y ya no encuentra las piezas arqueológicas que afloraban –un broche de un vestido romano, vasijas y cuchillos de los vatones famosos-. Dicen que siempre salía con algo, claro que para fijarse hay que saber de esas cosas…


lunes, 13 de agosto de 2018

PEREZ


PEREZ- en 1983 pasó por aquí Natalio Pérez Jimenez. (¿O fue en 1988?) El nombre y fecha están escritos en uno de estos pedrolos de granito, pero no con tinta, sino grabados con escoplo y martillo probablemente –letras de tamaño Cinemascope- con un esfuerzo digno de mejor causa. Y así debió comprenderlo el propio Natalio, que vuelve a firmar otra roca en 1990, ya con unos trazos de pintura negra que el tiempo va borrando inclemente. Luego he caído que Natalio, un tipo con tanto tiempo por delante, tenía que ser por fuerza un antecedente mío, otro vigilante, sí, de cuando no tenían ni caseta…

UNA GATA


Aparece siempre a esa hora del atardecer.  Hoy llega hasta el cuarto del ordenador al fondo de la casa. Maulla. Otras veces aparece y le saco algo de comer, un poco de chorizo o de bonito, y no siempre lo quiere. Se diría que viene para saludar. Confianzas pocas. Si quiero cogerla sale a la terraza y se descuelga con elegancia. (hoy, cosa rara, tenía hambre y se lo ha comido todo). A veces entra y sale sin más, marcando territorio, o se queda tumbada en el balcón, y echa atrás la cabecita para examinarme. Me parece bien, porque –parece querer decir- ella estaba antes. Siempre estabn antes, los gatos