lunes, 9 de mayo de 2011

DOS GATOS PEQUEÑOS

Hoy el padre de Boliche tiene dos cositas grises y vivas en las manos. "Le vendo estos gatos", me dice. "No, es que yo ya tengo dos". Boliche y el tío que están sacando montones de heno de una montaña amarilla le llaman al padre para que arrime el hombro. "Pues cójalos un momento", dice el viejo, imperativo.
Los gatitos -grises, atigrados- parecen hechos de alambre cubierto de borra/terciopelo. Uno de ellos acepta mi mano, manso, pero el otro salta y retuerce su cuerpecito sobre la tierra cubierta de espigas de trigo y boñias de vaca. Lo cojo y vuelve a escapárseme. Corre todavía sin esa celeridad de los gatos -tendrá unos quince días- como si tuviera un muelle, algo atrofiado por la falta de uso pero que así y todo le permite avanzar. "Déjele, hombre, no pasa nada", me dicen mientras el gatito se mete en una caja de madera que parece la caseta de un perro. "Los he guardado por si los quería, se los iba a regalar".

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